La semana pasada fui a un ciclo en Artlab llamado Pendrive, donde personas del mundo del diseño contaban cómo era su proceso creativo. Me gustó mucho lo que contaron Juan y Walter del estudio CCE sobre su trabajo en Moria, la serie de Netflix.
Escuchándolos me sentí identificado con lo que intentamos hacer en la Eko, una conferencia de hackers pero con una impronta artística bastante grande. Y curiosamente, los problemas con los que nos encontramos son bastante parecidos.
Todos los años cambiamos la estética del evento, el logo, la escenografía del escenario principal y en los últimos años, muchas activaciones en el evento. Una de las partes más divertidas de pensar la eko cada año.
El primer desafío es encontrar qué vamos a usar como referencia o inspiración. Esta es la parte que me suele salir bien. Encuentro una idea que me llama la atención y puedo imaginar cómo podría estar implementada en todo el evento.
En general nace de una referencia visual que tiene sentido con la propuesta de esa edición.
Por ejemplo, para los 20 años de la Eko, la idea fue “20 años no es nada”, con toda una referencia al tanguito de Gardel.
Para los 21 años fuimos con “del lado correcto de la línea equivocada”. La idea jugaba con la mayoría de edad y el hacerse cargo, pero desde esa incomodidad que genera la curiosidad y te lleva a salir de lo convencional y romper lo establecido.
Para esta edición de 22 años, la idea es “embrace the chaos”. Nace de la locura que propone el 22 (el loco en la quiniela), del levantamiento de las máquinas con la IA y también, no lo voy a negar, de la locura de organizar 2 conferencias en un mismo año (Miami y Buenos Aires).
Siempre pensé que las ideas son poderosas, pero solo si podés llevarlas a la realidad. Si no lográs desarrollar la capacidad para ejecutarlas, se quedan solo en ideas.
Con la identidad de la Eko, acá es donde aparece Ornella. Yo suelo llegar con una idea y un collage bastante desordenado de fotos y referencias. Orne tiene una faceta artística muy fuerte y logra ordenar todo eso, sumarle sus propias ideas y convertirlo en un concepto. A partir de ahí, con el equipo, definimos colores, trabajamos las texturas, buscamos más referencias y terminamos de bajar la idea.
Una vez que la identidad está resuelta, compartimos la bajada con villages, sponsors y proveedores para que puedan hacer remeras, stickers, ploteos, banners y todo lo que termina formando parte de la estética de esa edición.
El otro desafío es llevar ese concepto a la producción del evento. Tuvimos buenas ideas que no logramos implementar como las habíamos imaginado, ya sea por la magnitud del espacio o por el presupuesto que requerían.
Y otras veces, con muy pocos elementos, logramos un gran impacto. El patrullero con los cosplayers de policías fue uno de esos casos. Estuvo genial.
Creo que la cultura hacker es una de las más ricas del mundo tecnológico. Tenemos películas, música, filosofía, arte y también diseño. Ideas nunca faltan. El desafío es hacerlas realidad. 🙂
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